Doña Isolina Vargas Reyes inicio su negocio en 1981, con cuatro hijos a cuestas y una buena sazón como principales activos. Un buen día, doña Isolina pasó por la Avenida La Mar y vio que se traspasaba una cebicheria.
Sin mucho que perder y más ganas que experiencia, decidió invertir su pequeño capital y habilitó una pequeña barra donde servía platos criollos. ¿Qué tenía asu favor? Haber crecido en una familia limeña muy antigua y vinculada desde siempre a la buena cocina. Pronto se hizo conocida por sus “tallarines verdes con apanado” y por su “seco con frijoles”. Hoy, 40 años después, su sazón se mantiene en manos de «Miguelina»,









